Suena de repente en una película puesta de fondo mientras intento centrarme (sin éxito) en la entrega de mañana la respuesta a algo que estaba buscando desde que publiqué la última entrada en el blog: "Para ser feliz no tienes que tener una vida perfecta, igual consiste en unir varias pequeñas cosas". Ya tengo la idea para seguir con mi nueva aventura...Ya sé que es una idea simple, y ya sé que quien más y quien menos se sabe que esa es la teoría para andar por esta vida. Lo complicado es ponerlo en práctica. El camino hasta llegar a esa conclusión ya lo tengo recorrido, ya os he comentado que desde muy pequeña siempre quise muchas cosas, siempre quise ser muchas cosas, cuando pasa el tiempo llegas a la conclusión de que sólo quieres una: Ser feliz. Tan fácil, tan simple y tan complicado a la vez. Llega un momento que ya no marcas cada uno de los pasos que tendrías que pasar para llegar al objetivo, sólo lo buscas.
Supongo que es un paso adelante, pero claro...es el momento en el que te pierdes...y toca empezar a buscar. Y disfrutas de segundos que te aportan mucho más que cualquier cosa que pensabas que te haría inmensamente feliz. Y es genial...
Pero mentiría, aunque parezca irracional y estupido, si no dijera que sigo queriendo la vida perfecta...Sospecho que me queda mucho camino por recorrer.
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Te confesaré algo mi querida niña perdida, la felicidad se la trago una ballena. No vas a encontrar por tanto ninguna felicidad completa por aquí. No existen, se esfumo un día entre los jugos gástricos del mamífero; A pesar de que, como te digo, no existen “milagros” aun puedes encontrar pequeñas recetas con las que tocar esa felicidad total con la yema de los dedos. Te aseguro que es más de lo que te pueden dar los vendedores “oficiales” de felicidad.
La felicidad no se vende engarzada en un anillo de 24 quilates, ni arranca a golpe de explosión debajo del acelerador de un Rolls Royce, tampoco la vas a encontrar en la playa de Baradero ni en la Quinta Avenida de Nueva York y……no lo siento, tampoco la gano en una rifa Manolo Blanick.
Los trocitos de felicidad no son propiedad de nadie ni son sociedades anónimas con un capital fijo a repartir entre unos pocos.
La felicidad es de todos y de nadie a la vez. Nunca completa, siempre como te he dicho en pequeños (inmensos para nosotros) trocitos que juegan a diario al escondite. En un atardecer, en un beso, en una palabra a tiempo o en un bombón de chocolate que llega rodando desde Marsella…
Tienes de tiempo una vida para encontrarlos.
Feliz búsqueda.
Hola: cuánta razón tienes en esto que escribes, creo que ser feliz es nada más que disfrutar lo que uno tiene y valorarlo, aunque sean cosas pequeñas.
No busques la pefección... es imposible.
Un beso
Marcela